Hoy voy a dedicar esta entrada a uno de los espías más importantes y de mayor relevancia que ha habido.
Oleg Penkovsky nació en mayo de 1919 en la Unión Soviética, concretamente en Vlakikavkaz, Osetia del Norte. Hijo de un oficial que murió luchando en el Ejército Blanco, durante la Guerra Civil que les enfrentó con el Ejército Rojo, Oleg se graduó como Teniente en la Academia de Artillería de Kiev. Luchó en la Guerra de Invierno contra Finlandia y en la Segunda Guerra Mundial, en la que alcanzaría el grado de Teniente Coronel.

Como oficial del GRU (Glavnoe Razvedyvatel'noe Upravlenie), el Servicio de Inteligencia Militar puesto en marcha en 1918 bajo las órdenes de Trotsky, fue destinado como agregado militar a Ankara. También trabajó, después, en el Comité Soviético de Investigación Científica.
Su carrera era excelente. Gozaba de la amistad de Iván Serov, hombre fuerte del GRU. Podía viajar y conocer otras realidades, tan alejadas de lo que él veía en la URSS. Oleg Penkovsky no se convirtió en espía por dinero, o por venganza. Oleg Penkovsky comprendió que el régimen soviético era una desgracia, una lacra para su país. Y dio el paso de colaborar con Occidente para luchar contra ello, contra esa situación.
En 1960, Oleg Penkovsky pasó un paquete a unos estadounidenses que visitaban Moscú. El paquete llegó después a la CIA, pero la Agencia de Inteligencia no se fiaba. Sospechaban que podía estar siendo vigilado, o, quizá, que se trataba de una trampa para habilitar un espía doble.
Durante un viaje a Inglaterra, Penkovsky logró organizar una reunión con el MI6, el Servicio de Inteligencia Británico. Contó con la confianza de uno de sus miembros, Greville Wynne. Por su parte, los ingleses lograron vencer la desconfianza norteamericana hacia este hombre, y se comprometieron a compartir con ellos toda la información que recibieran.

Y vaya si recibieron.
Durante los siguientes meses, desde primeros de 1961, hasta octubre de 1962, fueron miles las fotografías que Oleg Penkovsky logró hacer llegar a sus contactos en el MI6 destinados en Moscú. También, aprovechando sus pocos viajes, hizo llegar otros documentos a la CIA o el SIS. Su código occidental era "Agent Hero" ("Agente Héroe").
Acostumbraba a esconder la información en cajas de bombones. Su firma, siempre la misma, Young. En Moscú, despertó sospechas. Fue vigilado y seguido, pero no encontraron nada para actuar contra él.

Durante el tiempo de la actividad de Penkovsky como espía, se produjo la famosa crisis de los misiles cubanos. La URSS comenzó a desplegar en la Isla Caribeña sus armas nucleares con la esperanza de que los Estados Unidos se enteraran demasiado tarde, cuando ya fuera un hecho consumado. Los rusos estaban cortos de misiles de largo alcance. Desde Cuba, en cambio, podían apuntar sus cabezas nucleares hacia los Estados Unidos. Además, de este modo, compensaban, a su vez, la amenaza que para ellos suponían los misiles americanos ubicados en Turquía y la República Federal Alemana.
El Presidente Kennedy descubrió los planes soviéticos antes de lo que los rusos esperaban, los aviones espías U-2 se encargaron de ello, pero no tenía suficientes datos para tomar las decisiones adecuadas. Necesitaba saber más. Sobre todo, necesitaba conocer el estado del armamento nuclear soviético, la principal incógnita a la hora de decidir una respuesta. Urgía recibir esta información y la CIA tenía que ser la encargada de proporcionarlos.

La CIA habló con el MI6. Necesitaban que Penkovsky respondiera a las preguntas que Kennedy se hacía. Oleg recibió la petición. Y una coletilla. Urgente. En sólo dos días, el espía respondió. La URSS, en aquellos momentos, estaba lejos de poder iniciar o mantener un conflicto nuclear. La información llegó al Presidente estadounidense que, a partir de ese momento, pudo tomas las decisiones partiendo de una tranquilidad que antes no tenía.
Pero Penkovsky, para responder a esta solicitud urgente, se había arriesgado demasiado. Las investigaciones del contraespionaje ruso y los datos recibidos por del agente doble británico George Blake, le señalaron directamente.

Pusieron un veneno en la silla de su oficina. Él cayó enfermo y los soviéticos pudieron, mientras estaba en el hospital, registrar su despacho y su casa. Encontraron documentación más que de sobra para incriminarle.
El 22 de octubre de 1962 fue arrestado. Le torturaron hasta que reconoció todos los hechos de que le acusaban. En 1963, en un juicio sumarísimo, fue condenado a muerte. Su valedor, Iván Serov, cayó en desgracia, perdió su cargo y acabaría suicidándose.
Oleg Penkovsky fue ejecutado. Según una fuentes, mediante el habitual tiro en la nuca. Sin embargo, otras diversas informaciones, como las del miembro del GRU Vladimir Rezun o las del escritor Ernest Volkman, hablan de una cinta en blanco y negro en la que se ve a Oleg Penkovsky atado a una tabla mientras se le introducía poco a poco, de pies a cabeza en un crematorio, ante la vista de otros oficiales.

En cualquier caso, Oleg Penkovsky debe ser recordado como un hombre que luchó por la libertad y contra el comunismo, que luchó para que en su país cambiaran las cosas, que luchó contra un régimen que llevaba a sus espaldas millones y millones de muertes, como ningún otro en el siglo XX había causado, que mantenía a su población prisionera y bajo la bota del terror.
Y lo hizo a riesgo de su vida y sin ninguna otra motivación que el saber que hacía lo justo y lo correcto.