BIENVENIDOS A RUMPELSTILTSKIN

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Este blog está asociado a la página Juegos Culturales Rumpelstiltskin (http://rumpelstiltskin.foroweb.org/) y ha sido creado para tratar en él temas de cultura general y curiosidades que, habitualmente, van surgiendo en el citado foro de juegos.

Son entradas a partir de soluciones para los diferentes concursos que planteamos:

*descubrir el personaje

*descubrir de qué se está hablando (fecha, hecho, lugar...)

*descubrir la película

*descubrir la imagen

*descubrir el sonido

etc, etc.


Deseamos que os puedan resultar interesantes estas entradas. A nosotros, así nos lo han parecido. Igualmente invitamos a quién lo deseee a pasar un rato entretenido con nosotros, sin otro objetivo que el aprender divirtiéndonos. Os sugiero que probéis. Registraros en la página arriba reseñada, para poder participar. Es totalmente gratis y no supone ningún tipo de obligación.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Wenceslao Moreno "Señor Wences"

Wenceslao Moreno Centeno, más conocido como Señor Wences (Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, 17 de abril de 1896 – Nueva York, 16 de abril de 1999), ventrílocuo español, considerado el mejor del mundo, tío del también ventrílocuo y productor José Luis Moreno.

Hacia 1920 intentó ser novillero; empezó a explotar su don en la ventriloquia y emigró a América del Sur y desde allí, en 1935, a Nueva York. Hablaba ocho idiomas y reproducia once voces distintas sin mover los labios En activo hasta 1996 y técnicamente irreprochable, el Señor Wences no necesitaba ni siquiera muñecos: con su puño cerrado, en el que dibujaba unos labios, y algún peluquín para completar el efecto, creaba personajes mágicos y divertidos; su Johnny se dedicaba a fastidiar cáusticamente al propio Señor Wences.


Sus constantes apariciones en el show de Ed Sullivan, en Broadway y en el circuito del music hall convirtieron al emigrante salmantino en uno de los españoles más familiares para los estadounidenses. Realizo cuarenta y ocho actuaciones de diez minutos en el show de Ed Sullivan, cobrando por cada una 10.000 dolares, cifra descomunal para la epoca.


 El 24 de septiembre de 1996 el Ayuntamiento de Salamanca otorgo su nombre a una calle, asi como un monolito dedicado y en Estados Unidos, el manager neoyorkino Marty Fisher coordino un homenaje al cumplir Wences cien años.

 El Ayuntamiento de Nueva York concedio su nombre a una calle de Broadway, proxima a los estudios donde se emitia el show de Ed Sullivan.

La ciudad de Las Vegas le rindio un multitudinario reconocimiento y fue distinguido por el Sindicato de Actores de America como el actor mas longevo.

martes, 9 de noviembre de 2010

OLEG PENKOVSKI, "AGENT HERO"

El mundo del espionaje está repleto de grandes historias y apasionantes tramas. Es un mundo muy cinematográfico, muy literario, protagonizado, generalmente, por oscuros personajes que, habitualmente, no llegan a ser conocidos por el gran público.

Hoy voy a dedicar esta entrada a uno de los espías más importantes y de mayor relevancia que ha habido.

Oleg Penkovsky nació en mayo de 1919 en la Unión Soviética, concretamente en Vlakikavkaz, Osetia del Norte. Hijo de un oficial que murió luchando en el Ejército Blanco, durante la Guerra Civil que les enfrentó con el Ejército Rojo, Oleg se graduó como Teniente en la Academia de Artillería de Kiev. Luchó en la Guerra de Invierno contra Finlandia y en la Segunda Guerra Mundial, en la que alcanzaría el grado de Teniente Coronel.



Como oficial del GRU (Glavnoe Razvedyvatel'noe Upravlenie), el Servicio de Inteligencia Militar puesto en marcha en 1918 bajo las órdenes de Trotsky, fue destinado como agregado militar a Ankara. También trabajó, después, en el Comité Soviético de Investigación Científica.

Su carrera era excelente. Gozaba de la amistad de Iván Serov, hombre fuerte del GRU. Podía viajar y conocer otras realidades, tan alejadas de lo que él veía en la URSS. Oleg Penkovsky no se convirtió en espía por dinero, o por venganza. Oleg Penkovsky comprendió que el régimen soviético era una desgracia, una lacra para su país. Y dio el paso de colaborar con Occidente para luchar contra ello, contra esa situación.

En 1960, Oleg Penkovsky pasó un paquete a unos estadounidenses que visitaban Moscú. El paquete llegó después a la CIA, pero la Agencia de Inteligencia no se fiaba. Sospechaban que podía estar siendo vigilado, o, quizá, que se trataba de una trampa para habilitar un espía doble.

Durante un viaje a Inglaterra, Penkovsky logró organizar una reunión con el MI6, el Servicio de Inteligencia Británico. Contó con la confianza de uno de sus miembros, Greville Wynne. Por su parte, los ingleses lograron vencer la desconfianza norteamericana hacia este hombre, y se comprometieron a compartir con ellos toda la información que recibieran.


Y vaya si recibieron.

Durante los siguientes meses, desde primeros de 1961, hasta octubre de 1962, fueron miles las fotografías que Oleg Penkovsky logró hacer llegar a sus contactos en el MI6 destinados en Moscú. También, aprovechando sus pocos viajes, hizo llegar otros documentos a la CIA o el SIS. Su código occidental era "Agent Hero" ("Agente Héroe").

Acostumbraba a esconder la información en cajas de bombones. Su firma, siempre la misma, Young. En Moscú, despertó sospechas. Fue vigilado y seguido, pero no encontraron nada para actuar contra él.



Durante el tiempo de la actividad de Penkovsky como espía, se produjo la famosa crisis de los misiles cubanos. La URSS comenzó a desplegar en la Isla Caribeña sus armas nucleares con la esperanza de que los Estados Unidos se enteraran demasiado tarde, cuando ya fuera un hecho consumado. Los rusos estaban cortos de misiles de largo alcance. Desde Cuba, en cambio, podían apuntar sus cabezas nucleares hacia los Estados Unidos. Además, de este modo, compensaban, a su vez, la amenaza que para ellos suponían los misiles americanos ubicados en Turquía y la República Federal Alemana.

El Presidente Kennedy descubrió los planes soviéticos antes de lo que los rusos esperaban, los aviones espías U-2 se encargaron de ello, pero no tenía suficientes datos para tomar las decisiones adecuadas. Necesitaba saber más. Sobre todo, necesitaba conocer el estado del armamento nuclear soviético, la principal incógnita a la hora de decidir una respuesta. Urgía recibir esta información y la CIA tenía que ser la encargada de proporcionarlos.



La CIA habló con el MI6. Necesitaban que Penkovsky respondiera a las preguntas que Kennedy se hacía. Oleg recibió la petición. Y una coletilla. Urgente. En sólo dos días, el espía respondió. La URSS, en aquellos momentos, estaba lejos de poder iniciar o mantener un conflicto nuclear. La información llegó al Presidente estadounidense que, a partir de ese momento, pudo tomas las decisiones partiendo de una tranquilidad que antes no tenía.

Pero Penkovsky, para responder a esta solicitud urgente, se había arriesgado demasiado. Las investigaciones del contraespionaje ruso y los datos recibidos por del agente doble británico George Blake, le señalaron directamente.



Pusieron un veneno en la silla de su oficina. Él cayó enfermo y los soviéticos pudieron, mientras estaba en el hospital, registrar su despacho y su casa. Encontraron documentación más que de sobra para incriminarle.

El 22 de octubre de 1962 fue arrestado. Le torturaron hasta que reconoció todos los hechos de que le acusaban. En 1963, en un juicio sumarísimo, fue condenado a muerte. Su valedor, Iván Serov, cayó en desgracia, perdió su cargo y acabaría suicidándose.

Oleg Penkovsky fue ejecutado. Según una fuentes, mediante el habitual tiro en la nuca. Sin embargo, otras diversas informaciones, como las del miembro del GRU Vladimir Rezun o las del escritor Ernest Volkman, hablan de una cinta en blanco y negro en la que se ve a Oleg Penkovsky atado a una tabla mientras se le introducía poco a poco, de pies a cabeza en un crematorio, ante la vista de otros oficiales.



En cualquier caso, Oleg Penkovsky debe ser recordado como un hombre que luchó por la libertad y contra el comunismo, que luchó para que en su país cambiaran las cosas, que luchó contra un régimen que llevaba a sus espaldas millones y millones de muertes, como ningún otro en el siglo XX había causado, que mantenía a su población prisionera y bajo la bota del terror.

Y lo hizo a riesgo de su vida y sin ninguna otra motivación que el saber que hacía lo justo y lo correcto.